Lo padre de este debate es que por fin México se está comparando con Corea, China o Brasil en vez de seguir viendo a los videojuegos como puro ocio. Reconocer los esports en la ley no significa que todo el país tenga que volverse gamer, solo aceptar que ya son parte de la cultura y la economía digital. A partir de ahí habrá que construir una conversación más madura sobre horarios, violencia en los títulos y responsabilidad de las plataformas.