Entre quienes odian los videojuegos y quienes los venden como solución mágica para todo, esta iniciativa podría ser un punto medio razonable. Poner a los esports en la Ley Estatal del Deporte obliga a hablar de reglas, obligaciones y límites, no solo de hype y patrocinios. Falta ver si los diputados están dispuestos a escuchar a la comunidad y no solo a los lobbistas con traje.